Maria Eugenia Anguiano y Ana Mar�a L�pez Salas (editoras) Migraciones y fronteras. Nuevos contornos para la movilidad internacional Barcelona: Icaria/CIDOB, 2010, 351 pp.
La globalizaci�n ha trastocado la territorialidad de los estados nacionales y con ello se han redefinido las fronteras siguiendo la tensi�n entre el incremento de los flujos internacionales y el cierre selectivo del tr�nsito fronterizo. El libro que Mar�a Eugenia Anguiano y Ana Mar�a L�pez nos presentan tiene como objetivo poner en perspectiva distintas miradas de la interrelaci�n entre migraci�n y fronteras. Las editoras re�nen trabajos que tienen como referentes diversos contextos, lo cual permite imaginar un mapamundi en el que la movilidad poblacional se especifica seg�n los factores de atracci�n y expulsi�n que entran en juego entre territorios que ocupan una posici�n asim�trica dentro de las relaciones de poder. La obra permite entender la migraci�n internacional y las fronteras en sus dimensiones contextual y relativa, para as� pensarlas a trav�s de sus m�ltiples interrelaciones. Una muestra de la riqueza de estos trabajos corresponden a los casos de las fronteras de M�xico-Estados Unidos, Nicaragua-Costa Rica y Argentina-Bolivia.
El cap�tulo de Mar�a Eugenia Anguiano inicia con una semblanza hist�rica de la emigraci�n de mexicanos hacia Estados Unidos, en primer lugar, se�ala que se trata de emigraci�n laboral con car�cter masivo, que se ha mantenido en el tiempo y en la misma direcci�n, pues solamente entre los trabajadores y residentes no autorizados, en el 2008, se contabilizaban m�s de siete millones de mexicanos. Otro rasgo que defini� a los emigrantes, sobre todo hasta los a�os sesenta, fue su temporalidad y circularidad: cruzaban fundamentalmente hombres j�venes a trabajar en cultivos de temporada. Los principales cambios de la pol�tica migratoria de Estados Unidos han obedecido a distintas orientaciones: formalizaci�n de los flujos a trav�s del Progama Bacer� (hasta 1964); control selectivo por un sistema de cuotas por pa�s de origen (hasta 1982); disminuci�n de inmigrantes indocumentados mediante la amnist�a y la regularizaci�n; y, a partir de los noventa, securitizaci�n de la frontera. En este �ltimo periodo hay un incremento sin precedente del presupuesto asignado al Servicio de Inmigraci�n y Naturalizaci�n y se multiplican los controles fronterizos, sobre todo a ra�z de los atentados del septiembre del 2011, cuando los muros existentes se refuerzan y se construyen nuevos; al mismo tiempo que se hace un uso intensivo de tecnolog�as de punta para la vigilancia; y el personal de la patrulla fronteriza triplica su n�mero para alcanzar los 12,00 efectivos en 2006. Adicionalmente, Estados Unidos desarrolla una estrategia para promover, fortalecer y expandir acuerdos bilaterales en materia de seguridad con sus pa�ses vecinos, de tal forma que la noci�n de frontera se extendi� del norte al sur de M�xico. Frente a ello, este pa�s ha puesto en pr�ctica un plan para controlar los flujos de migrantes, estupefacientes y armas, destinando recursos para incrementar y modernizar los puntos de control existentes en el sureste y sur del territorio. En la frontera sur de M�xico, que colinda con Guatemala y Belice, el flujo principal de personas lo han conformado los guatemaltecos, sobre todo, a ra�z de los conflictos armados ocurridos en el siglo pasado, cuando entraban al pa�s en calidad de refugiados. Adem�s se ha conformado un mercado laboral de jornaleros, as� como un flujo importante de personas de Centroam�rica que atraviesan el pa�s rumbo a Estados Unidos. La pol�tica migratoria de M�xico ha implicado el registro de los trabajadores agr�colas, la firma de acuerdos para permitir el desplazamiento de visitantes temporales, as� como la restricci�n de permisos de trabajo de acuerdo a la demanda existente en los estados del sur y sureste.
El texto de Abelardo Morales tiene como objetivo analizar la frontera de Nicaragua y Costa Rica desde la perspectiva de las regiones transfronterizas. Tiene como punto de partida que lo transfronterizo forma un espacio que traspasa las l�neas de separaci�n y origina una integraci�n entre los territorios colindantes, debido a que los procesos sociales tienen una naturaleza extraterritorial. En este an�lisis el autor define las tramas socioterritoriales en Am�rica Central, integrada por Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panam�, y se�ala los efectos de la posici�n marginal que ocupan frente a los centros de poder, en las condiciones sociales de vulnerabilidad y en la situaci�n de pobreza de sus habitantes. Los problemas de estas poblaciones han cambiado aceleradamente por los procesos de integraci�n de la regi�n a la econom�a mundial, mediante megaproyectos internacionales de construcci�n de infraestructura, como el Plan PueblaPanam� y la Red Internacional de Carreteras Mesoamericanas. El caso de la frontera de Nicaragua con Costa Rica se ha definido por las tensiones entre los pa�ses desde el periodo colonial. En 1888 se ratific� el Tratado de L�mites para delimitar la l�nea fronteriza entre estos pa�ses, pero la funci�n demarcatoria no se concluy� hasta un siglo despu�s de este tratado, pues la zona fronteriza se mantuvo como un espacio relativamente integrado por su unidad ecoambiental y cultural; al mismo tiempo que se conserv� aislada y marginada del resto de los territorios de ambos pa�ses. En la actualidad, se encuentra habitada por m�s de un mill�n de personas, la mayor�a nicarag�enses, se caracteriza por ser un espacio binacional organizado en tres ejes, reconocidos por centros urbanos que proporcionan servicios a las regiones colindantes: el eje occidental, el oriental caribe�o y el eje central. El autor identifica un momento de quiebre en la regi�n fronteriza que se configuraba a partir de su l�mite difuso entre los dos pa�ses, cuando a finales de los setenta el territorio fue parte de las operaciones militares de las guerras en Nicaragua, en las que particip� los Estados Unidos. M�s recientemente, en 1990, se produjo otro cambio en la situaci�n pol�tica de Nicaragua y Costa Rica, se inici� un proceso de pacificaci�n y de reformas econ�micas, y la frontera recuper� su funci�n en el tr�nsito de mercanc�as y personas. En este nuevo momento el lado nicarag�ense qued� rezagado frente a la din�mica de desarrollo de Costa Rica y su inserci�n en la econom�a mundial.
En el caso de la frontera de Argentina con Bolivia, Susana Mar�a Sassone y Genevi�ve Cortes, se proponen explicar las relaciones entre las pol�ticas migratorias de Argentina y el control de las fronteras, as� como las respuestas de los migrantes a las condiciones del cruce resultantes. Por lo que en este cap�tulo se articulan tres enfoques: la frontera como l�mite y espacio de control pol�tico, la frontera como un lugar material del cruce y la frontera como objeto de representaciones ligadas a las pr�cticas y experiencias propias del migrante. En principio es importante considerar que la presencia de extranjeros ha sido parte del proceso de poblamiento argentino. Sin embargo, el n�mero de poblaci�n no nativa se mantuvo por un largo periodo debajo de los tres millones, alcanz� el punto m�s alto en 1960, cuando inici� un descenso que dio lugar a la argentinizaci�n de la poblaci�n en las d�cadas siguientes. A partir de 1991, empez� una din�mica distinta pues el peso relativo de las personas nativas disminuye y cambia la composici�n de las personas extranjeras: los inmigrantes de origen lim�trofe aumentaron en relaci�n a los no lim�trofes. La pol�tica migratoria de Argentina se ha dise�ado siguiendo tres etapas: la primera etapa comprendi� un siglo de la vida institucional del pa�s y se orientaba a la b�squeda de agricultores y mano de obra cualificada de origen europeo, mientras tanto los inmigrantes de origen no europeo entraban al pa�s en calidad de indocumentados por lo que, entre 1949 y 1981, se sucedieron cuatro regulaciones migratorias para esta poblaci�n. La segunda etapa, se caracteriz� por ser m�s cerrada y restrictiva, aumentaron los controles fronterizos, y -en 1992- se abri� otro proceso de regularizaci�n de indocumentados. La tercera etapa ha sido contradictoria e incierta, pues no respond�a a la composici�n de los flujos integrada principalmente por bolivianos, paraguayos y chilenos, en lugar de ello se manten�an los privilegiando a la inmigraci�n europea. En 2004, se presenta un giro en la pol�tica internacional al ajustarse a la realidad de la din�mica de inmigraci�n argentina, se promulga una ley que permite mejores condiciones para los extranjeros, se apega al reconocimiento de los derechos humanos, y busca superar la discriminaci�n existente hacia los inmigrantes lim�trofes. Hoy en d�a, los lugares de control de la inmigraci�n son administrados mediante la combinaci�n de medidas internas y externas m�s o menos estrictas. En particular, el cruce de la frontera argentino-boliviana se torna una marca en la experiencia de vida de migrantes bolivianos, desde su perspectiva la frontera representa una barrera pero tambi�n un recurso para lograr mejores condiciones de vida; por lo que el desaf�o de cruzar se enfrenta siguiendo diversas estrategias.
El com�n denominador en estos cap�tulos es el eje diacr�nico como ordenador de la reflexi�n, al presentar un recuento hist�rico de las pol�ticas migratorias y su relaci�n tanto con los cambios en los perfiles y la din�mica de los flujos migratorios, como con los nuevos controles y formas de cruce de las fronteras territoriales y simb�licas entre pa�ses.
[Author Affiliation]
Marlene Solis, El Colegio de la Frontera Norte

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